Editorial del jueves 8 de Noviembre de 2001

La caspa es la caspa, es decir, aquellas descamaciones blancas del cuero cabelludo, que dejan en tan buen lugar a las personas que la lucen en la solapa de la chaqueta.

En cambio cuando decimos que una persona o cosa es "casposa", nos referimos a otra realidad figurada que el diccionario, de momento, no tiene en cuenta.

Por ejemplo, Torrente es un casposo... un facha carca que hace reír, en teoría, porque ridiculiza un estereotipo totalmente indeseable. Claro que... el fenómeno empieza a ser preocupante. Algo pasa en España si hacen tanta y tanta gracia historias, personajes y estéticas que, no es que sean rancias, es que están oxidadas y apestan al Valle de los Caídos.

Esta noche hacen en la sala APOLO de Barcelona una fiesta-concierto para presentar el renacimiento del pop español más autentico: Emilio el moro, los hermanos Calatrava, Susana Estrada, Los dos españoles... en fin, lo mejor de cada casa, resucitado después de dormir décadas en el baúl de las infamias.

Esto de la infamia no es cosa nuestra, lo dice la promoción del disco: "recopilación psicotónica para mentes infames"... es decir, el mismo truco que el de Torrente: hacemos ver que nos la cuelan para poder reír sin mala conciencia.

Y así como el que no quiere la cosa, cuando nos dicen "que humor se escribe con "h"", nos explican "omaitas" y nos colocan pianistas... de barrio que parecen sacados del thriller de Michael Jackson.

Un sicoanalista tendría mucho trabajo con todo esto. Berlanga, también.

Tendríamos que averiguar si, mientras nos reinos a carcajadas, alguien no nos está marcando goles.

Bona tarda. Comença La Columna.


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