Editorial del miércoles 7 de Noviembre de 2001

Los que éramos jóvenes en los años años 60 a menudo desconfiamos de la capacidad reivindicativa de los jóvenes de hoy. "Pasan de todo" -dicen- "están anestesiados".

Los tiempos han cambiado mucho, es cierto, los movimientos colectivos se han disuelto, y el liberalismo ha impuesto el culto al individuo: el que vale, vale, y no le hace falta la ayuda de nadie.

Bien, hoy los universitarios catalanes, y los españoles en general, han considerado que se tienen que ayudar los unos a los otros. Es por ello que se vive la huelga universitaria más grande de los últimos 20 años. Concentraciones, manifestaciones y cierre masivo de aulas, han demostrado que la anestesia colectiva de los universitarios ha remitido por obra de una nueva ley que no complace a casi nadie.

Sin entrar en el fondo de esta ley, votada en el Congreso por el PP, CIU y Coalición Canaria, es muy grave que los políticos no se impongan el diálogo como herramienta fundamental. Ya sabemos que tienen mayoría absoluta, pero no se puede legislar el futuro de millones de estudiantes y profesores sin ni siquiera escucharlos.

El mundo universitario siempre ha sido sospechoso e incómodo para el poder.

Tradicionalmente a la derecha más que a la izquierda, si la ley es tan buena como dicen, ¿por qué no se atreven a consensuarla? ¿Por qué la han hecho a escondidas de los interesados? La respuesta está hoy en las calles. Clara y contundente.

Bona tarda. Comença La Columna.


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