Editorial del martes 6 de Noviembre de 2001

Hace unos días explicamos que una marca japonesa de lencería había inventado unos sujetadores sin aros para que las mujeres que cojan a menudo o puntualmente un avión no tuvieran que pasar por la vergüenza y el mal trago de tenerse que desnudar. Las nuevas medidas de seguridad en los aeropuertos han convertido a los objetos más inocentes en armas potenciales y sospechosas, de manera que ya nadie viaja con una lima para las uñas, con unas tijeras pequeñitas, espráis o con peinetas tipo Martirio en la bolsa de mano.

El lado bueno de esta "psicosis colectiva" es que algún que otro diseñador con muy buena reputación ha tenido que tragarse sus modelitos por ser poco adecuados para la situación mundial.

Es el caso del famosísimo y carísimo Manolo Blahnik, el creador de los zapatos más caros y elegantes del mundo. La jet y los vips del mundo mundial pagan por los diseños de este señor de origen canario unos precios que hacen que se nos caiga el alma al suelo. El alma y la VISA, ya que pueden llegar a costar unas 400 mil pesetas.

Bien pues, el señor Manolo había creado para esta temporada unos tacones de titanio de casi nueve centímetros, tan finos como la mina de un bolígrafo, con los cuales la portadora -"pisa morena, pisa con garbo"- podía agujerear alfombras o el pie de alguien a quien pisara de manera accidental.

La casa Blahnik ha decidido retirarlos del mercado, antes de que en cualquier aeropuerto le apliquen la ley antiterrorista a alguna "pija" perpleja.

Aunque sea por razones de seguridad, es bueno que quiten del mercado objetos femeninos que cualquier mujer con cabeza consideraría criminales... para la salud, claro!!!

Bona tarda. Comença La Columna.


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