Editorial del lunes 20 de Mayo de 2002

Desde hace tiempo se produce en Estados Unidos un debate muy interesante sobre si sería mejor volver a separar a niños y niñas en las escuelas como pasaba hace 40 años.

Pues bien, parece que George Bush ha tomado la decisión de derogar la ley que prohibía la segregación en la escuela pública, cosa que implicaría que el curso que viene vuelva a haber escuelas nada más para niños o nada más para niñas.

Aunque las feministas tradicionales y los sectores norteamericanos más progresistas han puesto el grito en el cielo y lo consideran una marcha atrás peligrosa, hay consideraciones científicas, que no morales, que quizá se han de escuchar, como mínimo, escuchar.

Por ejemplo, nadie discute, porque científicamente está más que comprobado, que el rendimiento académico de los estudiantes es muy superior si la enseñanza no es mixta.

De entrada los niños son más lentos en aprender que las niñas. Tienen más dificultades para mantenerse atentos que sus compañeras y les cuesta más concentrarse en las aulas.

Este desequilibrio se resuelve, lógicamente, rebajando el nivel, de manera que las chicas, en general, aprenden por debajo de su capacidad.

Además, cuando llega la primera adolescencia, las tentaciones de gustar al sexo contrario, provocan más inseguridades y más de un fracaso escolar, preocupados unos por hacerse los hombres y otras por ignorarlos.

De acuerdo, parece que la escuela ha de ser el reflejo del mundo: es decir, plural, diverso y todos mezclados. Ahora bien, que niños y niñas estudien juntos no ha de poner final a las discriminaciones. Cuando lleguen al mercado laboral, a ellas siempre les pedirán más. Por eso es bueno que, solas o acompañadas, aprendan más y más rápido.

Bona tarda. Comença La Columna.


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