Editorial del lunes 4 de Marzo de 2002

El conseller de Justicia, Josep-Delfí Guàrdia, no gana para disgustos, o como se dice en lenguaje coloquial, que le crecen los enanos.

Cuando no se le escapa un preso, se le escapa un libro de poesías, pagado con dinero público, donde un recluso hace, directamente y sarcásticamente, una apología del asesinato de su mujer. 

En la cama era aburrida, 
cocinando, una asquerosa.
Un adefesio, mal vestida. 
Glotona, gorda y sudorosa. 

Andaba como burra herida.
Tenía risa empalagosa.
Su cara era malparida.
!Y ella se creía hermosa!

Tuve que señalarme un plazo de acabar con la pesadilla.
Divorciarme de un plumazo o arreándole con la silla.

Después dice que, mientras esperaba a la policía se fumó un puro... Bien, ya ven cómo es la vena poética de Juan Bambuye, el poeta condenado a treinta años de prisión.

El conseller ha dicho esta mañana que ha habido un error inexplicable, que se han retirado todos los libros y que se abrirá una investigación. ¿Ignora el señor Guàrdia si esto se ha publicado por desidia, por estupidez o por buscar las cosquillas a alguien? seguramente a él, claro. También ha prometido ser contundente con la respuesta.

Estaremos al acecho. El texto de este "romance de la silla" es magnífico para que psiquiatras, jueces y políticos reflexionen sobre la violencia doméstica. 
Y de paso, para que la directora general de presos, se tome la molestia de leer los libros que prologa antes de escribir elogios que, ahora, pondrían rojo a cualquiera.

Bona tarda. Comença La Columna


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