Editorial del martes 11 de Junio de 2002

Desde ayer y hasta el jueves, los ministros de Agricultura de todo el mundo están reunidos en Roma.

Aprovechando la ocasión y para ilustrar el objetivo teórico de la lucha de estos señores contra el hambre, vemos en las televisiones y en los periódicos aquellas terribles imágenes de criaturas famélicas muriéndose literalmente de hambre ante las cámaras, ojos grandes, barrigas hinchadas, arrinconados en medio de la nada, ya sin fuerza para mover unos cuerpos que no han recibido nunca suficientes alimentos.

Cada día mueren de hambre en el mundo tantas personas como si se cayeran 10 torres gemelas de Nueva York. Cada día quiere decir cada día.

Estas imágenes obscenas de la miseria y la desnutrición mientras dura la reunión de la FAO en Roma, nos afligirán profundamente y harán quizá que lancemos a la basura con mala conciencia aquel trozo de pollo que no nos podemos acabar porque estamos llenos. ¿Y después qué?

Pues miren: el objetivo de la cumbre es que el año 2015 padezcan hambre “solamente” 400 millones de personas, en vez de los 800 de hoy que no tienen nada para llevarse a la boca.

¿Quieren escandalizarse un poco más? El 80% de los niños famélicos del mundo viven en países donde la agricultura se dedica exclusivamente al cultivo de piensos para los animales que comemos en los países ricos, o sea, nosotros.

No sabemos cómo cambiar esta locura, pero seguro que no es imposible. Si el interés de Occidente se mide por la participación en la cumbre de los primeros ministros o jefes de Estado, sepan que habrá más en la final del mundial de fútbol que el jueves en Roma.

Bona tarda. Comença La Columna.


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