Editorial del jueves 6 de Junio de 2002

Hollywood quiere la independencia. Así de claro. La gran fábrica de sueños y mentiras universales está harta de Los Ángeles y se plantea la secesión, o por decirlo groseramente, “mear con la suya”. El noviembre que viene podría hacerse una consulta popular para que los habitantes de Los Ángeles decidieran si permiten o no que el glamour abandone la condición de barrio para adoptar la categoría de ciudad.

El alcalde de los Ángeles ha prometido luchar contra esta iniciativa; “eso supondría más impuestos para todo el mundo”, ha dicho... pero parece que los 184 mil habitantes de la meca del cine no tienen muchos problemas para pagarse ellos solitos la recogida de la basura o el servicio de bomberos.

Ya decía Marilyn Monroe que en Hollywood pagaban mil dólares por un beso y 50 centavos por el alma.

Sea como sea, de este barrio, el más conocido del planeta, han salido modas, historias, frases, modelos de comportamiento y formas de hacer altamente contaminantes.

Los guerrilleros del mundo se visten como Rambo, Nueva York es como ha querido Woody Allen, y a todos “siempre nos quedará París” porque un día nos lo dijo Humphrey Bogart...

Puestos a hacer, Hollywood no se debería de conformar con separarse de Los Ángeles. Que pidan la independencia del planeta. Al fin y al cabo, no son de este mundo. Como dice uno de sus estandartes, Wim Wenders, “el cine es de color, pero la realidad es en blanco y negro”.

Bona tarda. Comença La Columna.


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