Editorial del miércoles 3 de Julio de 2002

Una de las principales empresas ferroviarias de Japón ha decidido que, a las horas punta, haya convoys reservados solamente a las mujeres. La razón, lamentablemente, es fácil de imaginar. Las japonesas están hartas de que los hombres, aprovechando las horas de más trajín de la mañana, les toquen el culo y todo lo que se les pone por delante o por detrás.

El 70% de las quejas femeninas se refieren a los trayectos llenos de arriba abajo en trenes y metros, yendo hacia el trabajo. Esta evidencia ha hecho que dos compañías ferroviarias adoptaran antes esta misma medida: abrir convoys prohibidos a los hombres.

Entendemos que es la solución más práctica: había un problema y ahora ya no lo hay. Pero... se mire como se mire, es un fracaso que más o menos dice: “los hombres son como son y no hay nada que hacer”. En vez de castigar a los culpables, optan por aislar a las víctimas.

Es el mismo argumento que algunos jueces utilizaban (vean que soy optimista y hablo en pasado) para atenuar las condenas de los violadores. Si una mujer va sola a según qué horas, o vestida de tal manera, ya se sabe qué le puede pasar...!!!

Al final siempre es la eterna coartada: Eva con una manzana en la mano.

Bona tarda. Comença La Columna.


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