Editorial del martes 2 de Julio de 2002

El Instituto de Investigación de Salud Alemán ha hecho un estudio-encuesta que demuestra que los hombres calvos lo tienen, en general, más difícil.

El estudio se realizó en 100 importantes empresas de servicios, en que los respectivos gerentes recibieron cerca de 600 solicitudes de trabajo. Los psicólogos prepararon, pues, 600 currículums ficticios de similar nivel intelectual y de experiencia, pero que tenían la variable del pelo. Unos eran calvos y otros, no. ¿Resultado? Solamente el 27% de los calvos fueron convocados a la entrevista de trabajo. Los gerentes, por descontado, alegaron razones de experiencia y de formación, y negaron categóricamente que la ausencia de pelo tuviera nada que ver.

Así pues, además de las bromas de los amigos peludos y de la indiferencia de algunas mujeres, los calvos han de sufrir discriminación laboral.

Todo esto contrasta con la estética que ofrecen muchos deportistas de élite, la mayoría futbolistas. Jóvenes admirados y venerados, que voluntariamente de afeitan la cabeza.

Volviendo al estudio, es cierto que no hay, por ejemplo, muchas cabezas de cartel político sin pelo. Jordi Pujol se puede permitir ser calvo, Carod Rovira, y Rafael Ribó... también porque solamente aspiran a peinar a quien gane. Artur Mas, en cambio, no se lo podría permitir. Que le pregunten a Duran Lleida.

Bona tarda. Comença La Columna.


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