Editorial del lunes 1 de Julio de 2002

Hoy se pone en marcha el Tribunal Penal Internacional, un tribunal más ambicioso que el que llevó a término los juicios de Nüremberg a los criminales nazis después de la II Guerra Mundial.

72 países, entre los cuales está España, firmaron hace 4 años el llamado Estatuto de Roma, que permitirá, a partir de hoy, la selección de jueces que puedan representar todas las culturas y sistemas jurídicos. Los cálculos y la previsión dicen que en la primavera de 2003 este tribunal estará preparado para recibir las primeras denuncias. Denuncias, recordemos, de “crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidios”.

La historia demuestra que los criminales de guerra han salido impunes de sus crímenes. Nada más un tribunal internacional, que persiga el sueño de la Justicia Universal, podría hacer frente a esta escandalosa impunidad.

Este sueño comienza hoy a caminar, pero con bastones en las ruedas. El gendarme del mundo, aquel que vigila e impone justicia o libertad duradera, no quiere oír hablar de este tribunal. 200 mil soldados norteamericanos son repartidos por 140 países, y el gobierno Bush no está dispuesto a que ninguno de sus hombres sea juzgado, por más excesos que cometan. Al lado de los Estados Unidos, China, Israel, India y Turquía son otros de los NO firmantes del Estatuto de Roma.

Nuestra pregunta es muy naif, pero no dejaremos de hacerla. ¿Tan claro lo tienen, estos países, que cometen, dentro o fuera de sus fronteras, crímenes de guerra, contra la humanidad, o genocidios? ¿De qué tienen miedo si sólo persiguen terroristas u organizaciones criminales?

Bona tarda. Comença La Columna.


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