Editorial del jueves 28 de Febrero de 2002

¿Un expresidente del gobierno, puede pasar un fin de semana donde quiera, ir a comprar donde la convenga y comer en el restaurante que le venga en gana? Eso es lo que hizo Felipe González el fin de semana pasado en tierras marroquíes.

Pero parece que en la Moncloa, Felipe González no ha adquirido, aún, la categoría de expesadilla.

Pio Cabanillas, a quien pagamos para informarnos más que para intoxicar, y Josep Piqué, jefe de la diplomacia, (cargo que normalmente no contempla crear problemas inexistentes) han estado un par de días, llamando “mentiroso” a Felipe González, que negaba inútilmente haberse reunido en secreto con el rey de Marruecos y el primer ministro.

Esta “mentira inventada por los servicios secretos españoles” según la prensa marroquí, no ha merecido hasta hoy nada más que una tibia disculpa pública del señor Piqué y, de momento, el silencio del señor Cabanillas.

¿Comparecerá alguien del gobierno para dar explicaciones o todo junto morirá, en palabras del mismo Piqué, como una anécdota sin importancia?

Que los servicios de espionaje de un país parezca que trabajen para el partido que gobierna es grave. Aún es peor, pero, que confundan la faena: que en vez de favorecer el interés general, lo malparen. Ya saben en que punto tan delicado están las relaciones España-Marruecos.

Si no fuera por la gravedad del tema, sería bueno recordar aquel chiste del que llama y dice: “¿Servicio de inteligencia?” Y le contestan: “ENGS”?!.

Bona tarda. Comença La Columna.


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