Editorial del martes 26 de Febrero de 2002

Hoy no es un buen día para los funcionarios del Estado. La noticia los debe de haber dejado tan congelados como su sueldo desde el año 1997.

Este mediodía, el Tribunal Supremo ha revocado aquella sentencia de la Audiencia Nacional según la cual el gobierno no podría congelar el sueldo de los trabajadores. El gobierno popular interpuso un recurso y, hoy, el alto tribunal les da la razón, porque entiende que “es materia de personal”. A falta de otras explicaciones jurídicas más técnicas y razonables, lo que nos parece a los profanos es que esta vez, como siempre, “donde hay patrón no manda marinero”. Tanto es que quien mande sea público o privado, el estado o la empresa manda, y la materia de personal es cosa suya.

Hace falta recordar que esta cuestión provocó, en su momento, un fuerte terremoto político: el PSOE celebró la primera sentencia que anulaba la congelación como una respuesta a la “cacicada histórica” del PP, mientras que el PP, a través de Pio Cabanillas, decía que los jueces se habían extralimitado en sus competencias, y que establecían un precedente gravísimo.

Hemos de tener en cuenta que la cifra que se debería de haber pagado en concepto de atrasos salariales, era de casi medio billón de pesetas.

¿Se acabaron las discusiones? ¿Ha ganado el gobierno?

De momento, sí. Pero los funcionarios tienen un último recurso: el Tribunal Constitucional. Y lo usarán. De momento, continúan congelados.

Bona tarda. Comença La Columna.


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