Editorial del lunes 18 de Febrero de 2002

De entre las múltiples torturas y vulneraciones de los Derechos Humanos de los cuales podemos ser víctimas las mujeres, por el hecho de ser mujeres, hoy queremos contar lo que pasa en Bangla Desh.

Solamente el año pasado, 250 mujeres, la mayoría chicas jóvenes, quedaron desfiguradas para toda la vida porque alguien, normalmente maridos o pretendientes despechados, les lanzaron ácido. Algunas de estas mujeres mueren. Otras, convertidas en monstruos sin labios, párpados o nariz, no tienen otra alternativa que encerrarse para siempre entre cuatro paredes...

Un éxito, desde el punto de vista de los criminales, que lo que pretenden es justamente eso: si no es para mí, que no lo sea para nadie. Esta lógica criminal, la misma que hace que en España el año pasado 80 mujeres fueran asesinadas, no ha hecho sino crecer en Bangla Desh.

Tanto es así que el ministro de Justicia, hoy ha anunciado, pendiente de la aprobación del Parlamento, una nueva ley que lleve a los agresores a la máxima condena, es decir, la pena de muerte, legal en aquel país. Hasta ahora, solamente el 10% de los culpables eran detenidos, y las penas que recibían eran ridículas a causa del vacío existente.

La última víctima que consta en la Fundación de Supervivientes del Ácido, creada en 1998, ha sido una niña de 13 años: un compañero le propuso matrimonio. Al día siguiente por la noche fue atacada con ácido.

Las leyes son necesarias, pero el drama es que no son nunca suficientes. La cultura de opresión y de humillación a las mujeres alrededor del mundo, siempre parece que es inmune no nada más a la justicia, sino también a la razón.

Bona tarda. Comença La Columna.


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