Editorial del jueves 14 de Febrero de 2002

Dos eminentes científicos de las universidades sueca y canadiense publican hoy en la revista científica Natura un estudio sobre la guerra de los sexos, en una especie de insectos semiacuáticos.

Llegan a la conclusión, después de años de estudio y observación, que entre machos y hembras se produce una carrera armamentística evolutiva, de manera que, cuando son ellos los mejor dotados, aumenta el número de acoplamientos y, por lo tanto, de crías; y, cuando son las hembras las mejor armadas, disminuyen las cópulas y por lo tanto, disminuye la descendencia.

Ambos sexos, intentan desde la noche de los tiempos, disfrutar de las ventajas en esta lucha constante. Cuando los machos de estos insectos desarrollan un exagerado alargamiento de sus genitales, las hembras acaban por hacer frente en la batalla, desarrollando una especie de espinas abdominales que hacen muy difícil el acoplamiento.

Es decir, que la vida continúa por este equilibrio tenso y precario entre sexos, que hace que el poder cambie alternativamente de bando.

Si los humanos no somos diferentes de otros animales y en este momento de la evolución, tenemos pocos hijos, convendremos (estaremos de acuerdo) que las mejor armadas somos las mujeres. Y en efecto, comenzamos a notar signos preocupantes, conservadores y puritanos, que nos quieren desactivar.

Bona tarda. Comença La Columna.


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