Editorial del martes 12 de Febrero de 2002

El amor es física y química, decía Severo Ochoa y, en efecto, todo lo que sentimos cuando nos enamoramos puede explicarse por un grupo de sustancias que producimos en nuestro laboratorio particular.

Este laboratorio no es precisamente el corazón, pero la convención y la tradición cultural ha hecho que responsabilicemos este órgano de todas las emociones y sentimientos que somos capaces de sentir.

Y puestos a hacer el juego a esta superstición universal, la Federación Cardiológica Mundial, con sede en Ginebra, ha encontrado razonable hacer declaraciones aprovechando que llega San Valentín. Aunque aquella película decía “que el amor perjudica seriamente la salud” -cosa que quien más quien menos alguna vez ha comprobado- los cardiólogos del planeta mantienen lo contrario: que “el amor es bueno para el corazón y que la ternura favorece el sistema inmunitario”. Nos vienen a decir que la felicidad es muy saludable, una afirmación a la que llegan después de, como mínimo, 10 años de estudio.

Puestos a hablar de amor, que dejen a los cardiólogos con los cardiogramas y que escuchen a los poetas. Encontraremos cosas tan bonitas como que el amor no se puede curar, pero es la única medicina para todos los males, o aquella otra de la sabiduría popular que dice que el amor es como una caja de cerillas: desde el primer momento sabemos que se acabarán, pero se acaban siempre cuando menos lo esperamos.

En fin... que esta es la Semana de San Valentín y tenemos que estar preparados para lo peor.

Bona tarda. Comença La Columna.


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