Editorial del lunes 4 de Febrero de 2002

La Organización Mundial de la Salud ha hecho unos cálculos y ha llegado a la conclusión de que una inversión de 66.000 millones de dólares salvaría 8 millones de vidas cada año.

El SIDA, la tuberculosis y la malaria matan cada día a miles de personas y debilitan pueblos enteros oprimidos por la miseria y la falta de recursos. Es decir, que los que no mueren tampoco tienen fuerza para sacar al país de la pobreza endémica.

Como ya nadie confía en la filantropía, la OMS habla de grandes beneficios económicos si se hiciera esta inversión. No se trata de regalar dinero a fondo perdido, sino de invertirlo con provecho y sacar ganancias jugosas. No hay excusa -dicen- para continuar dejando morir millones de personas. 

Este mismo mensaje se ha escuchado también en todas las lenguas este fin de semana en el Forum Social de Porto Alegre, donde las diversas izquierdas del mundo se han encontrado para enfadarse en voz alta y decir cuatro cosas a los ricos del planeta.

También ayer, el Papa, durante la oración del ángelus, tuvo palabras en favor de la vida, especialmente donde "es menospreciada, marginada y violada". Por los adjetivos que utilizó, tanto podría hablar del África subsahariana o de la América Latina. Pero él, ayer, se refería a la vida de los embriones de los países donde el aborto está permitido. En Porto Alegre se han ocupado nada más de los que ya han nacido, eso sí, en países o continentes dejados de la mano de Dios y de los hombres.

Bona tarda. Comença La Columna.


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