Editorial del jueves 31 de Enero de 2002

Hace un rato hemos sabido que el segundo hombre más poderoso del planea, el vicepresidente norteamericano Dick Cheney, se ha presentado a su fiesta de aniversario -cumple 61 años- con una herida en el labio, producida, según su portavoz, al chocar contra uno de sus perros.

Quince días después de que George Bush se atragantara con una galleta, cayera al suelo y se contusionara la cara, su vicepresidente y según muchos expertos, el auténtico cerebro de la Casa Blanca, tiene un accidente doméstico con su perro labrador.

¿Alguna pregunta? Pues sí.

Si esta raza de perro no alcanza más de 80 centímetros, si está de cuatro patas, claro... y el señor Cheney mide más de metro ochenta, si camina como una persona, es decir, con las dos piernas ¿cómo puede ser que chocara de cara con el perro?

¿Es que quizás el señor Cheney pretendía cogerle una galleta a su fiel amigo? Todo el mundo sabe el humor que tienen los mejores amigos del hombre cuando alguien les quiere quitar la comida...

La cosa no pasa de ser una anécdota, pero seguro que los grandes showmans americanos sacarán provecho esta noche en los populares late night televisivos. No es difícil imaginar una escena doméstica entre Bush y Cheney, después de una jornada intensa de faena, jugando con los perros-terminators y comiendo galletas. ¿Galletas alargadas, crujientes y en forma de hueso?

Bona tarda. Comença La Columna.


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