Editorial del lunes 14 de Enero de 2002

Los mismos jueces que hace menos de un mes dejaron irse con una fianza ridícula a un peligroso narcotraficante tenían que decidir esta mañana si la presidenta de Gescartera, Pilar Jiménez Reyna, también muy deprimida como el narcotraficante, podía salir provisionalmente de la prisión.

La defensa de la Sra. Jiménez Reyna alega que no hay peligro de fuga, ni alarma social ni peligro de destrucción de pruebas, que son los requisitos que según la ley se han de dar para decretar la prisión provisional.

En el peor de los casos, y suponiendo que se confirmen los indicios de estafa, apropiación indebida y falsedad de documentos, la hermana del ex Secretario de Hacienda no tendría una pena superior a 7 años, mientras que el capo de la red de traficantes de drogas, podría haber estado condenado a 60.

Seguramente la señora Jiménez Reyna no tiene ni fuerzas, ni capacidad para escapar... pero ha tenido la mala suerte de que el tribunal sea el mismo que el de Carlos Ruiz, el negro.

No diremos que pagan justos por pecadores porque la presidenta de Gescartera, por mucho que hablase de Dios en su dietario, no es ninguna santa, más bien una delincuente, pero está claro, que con la ley en la mano se puede ser víctima de una injusticia.

La pregunta es: ¿Cuando se equivoca la justicia, todos hemos de ser indulgentes? ¿Estos tres jueces pueden seguir tomando decisiones?

Bona tarda. Comença La Columna.


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