Editorial del jueves 13 de Diciembre de 2001

De aquí a 18 días, cuando vayamos a comprar cualquier cosa, nos dirán el precio en euros, podremos pagar en pesetas, recogeremos el cambio en euros, y antes de mezclar en el monedero todo tipo de monedas, tendremos que comprobar el redondeo y la conversión correcta del cambio. 

Todo en conjunto un lío importante.

Los bancos y las cajas, que tanto nos quieren, han tenido una feliz idea: "Pague con tarjeta y no se preocupe por el cambio"... Nadie puede calcular cuántos pagos se harán, a partir de enero, con la tarjeta de plástico... pero los menos optimistas hablan de un mínimo de 800.000 millones de pesetas, cantidad que antes circulaba en metálico.

Cada vez que sacamos la tarjeta, el banco cobra una comisión a la tienda, de manera que el mundo del comercio tiembla de pensar en el pellizco que se llevarán los amigos de la caja y compañía, con cada venta que hagan.

Conscientes de esta situación, los grandes servicios bancarios han decidido, coincidiendo con todo este lío que supone la llegada del euro, subir las comisiones. Lógicamente, el tendero tendrá que incrementar los precios de venta si no quiere ser la víctima de la flamante moneda.

Nos hacemos muchas preguntas... que se pueden resumir en una: ¿les parece decente que bancos y cajas saquen este provecho tan escandaloso, de la situación? Haremos otra: ¿el gobierno, a parte de mirárselo, piensa hacer alguna cosa, o al fin y al cabo quién manda, manda y "donde hay Botín no manda marinero"?

En Madrid, muchos comercios hacen esta propuesta: ¿Por qué no pagamos todos en metálico y, a cambio, los tenderos nos hacen un descuento, el mismo que deberíamos de pagar en comisiones?

Pensémoslo.

Bona tarda. Comença La Columna.


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