Editorial del martes 11 de Diciembre de 2001

Hoy en el Congreso de los Diputados se volverá a hablar del divorcio, veinte años después de la aprobación de la ley. Los que tenemos edad suficiente para recordar, no olvidamos la campaña que la entonces Alianza Popular desplegó para oponerse a un derecho tan fundamental y básico como el de dejar de convivir con quien ya no quieres o no te quiere.

Veinte años después, Convergencia y Unión y PSOE han hecho piña para pedir un cambio en la legislación sobre el divorcio. Convergentes y socialistas no piden otra cosa que la agilización de los trámites, es decir, que cuando las cosas estén claras, las parejas puedan acceder al divorcio con mayor rapidez. La ley actual exige la separación legal previa y un tiempo de espera para hacerlo efectivo. Eso supone muchos problemas y mucho dinero en procesos judiciales y abogados...

Primero se ha de pagar para separarse y después por divorciarse. Eso sin entrar en consideraciones sentimentales y afectivas siempre incómodas y dolorosas por las dos partes. Pues bien. El PP hoy rechazará estas proposiciones de ley porque -dicen- ahora es prioritario desarrollar los planes de apoyo a la familia. Eso es como si un enfermo terminal fuera al médico y el médico le dijera que él se ocupa nada más de enfermos que tienen recuperación, por ejemplo.

El PSOE, por ejemplo pedirá que los maltratos sean causa automática de divorcio. El PP dice que el tema es demasiado complicado para solucionarlo de esta manera.

Los herederos de aquella Alianza Popular no han olvidado el discurso de las esencias: patria, familia y religión.

Bona tarda. Comença La Columna.


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