Editorial del miércoles 5 de Diciembre de 2001

El servicio postal de los EUA ha ofrecido una recompensa de 10 millones de pesetas por la captura de un activista que figura en la lista de los más buscados por la policía norteamericana. Este peligroso delincuente, autoproclamado "guerrero contra el aborto", envió en el mes de octubre 300 cartas que afirmaban que contenían la bacteria del ántrax, y unas 260 en el mes de noviembre, todas destinadas a las clínicas de interrupción del embarazo.

El movimiento antiabortista americano, al cual pertenece el autor de esta infame correspondencia tiene una facción fundamentalista que defiende de tal manera la vida embrionaria que no les importa matar personas hechas y derechas, sobretodo, si son ginecólogos que practican el aborto. Por ejemplo, el año 99 un médico murió asesinado a tiros en su casa, y no hablamos de los cinco que resultaron heridos en los cinco años anteriores.

Estos talibanes justifican la vida que no ha nacido con la muerte de los que no piensan como ellos. La postura antiabortista es absolutamente respetable cuando no impone sus convicciones a los que no las comparten. Afortunadamente, vivimos en una parte del mundo en que la fe y la ley tienen diferentes sacerdotes.

Nada más hace falta mirar a Afganistán, o cualquier estado teocrático, para saber qué pasa con la libertad cuando las cosas se mezclan.

Bona tarda. Comença La Columna.


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