Editorial del lunes 15 de Abril de 2002

Hace unos días ha salido la última promoción de jueces, jóvenes que han pasado muchos años encerrados, estudiando con esfuerzo y que competían con más de 5.000 personas para superar una dura oposición que reserva plaza sólo para el 5% de los candidatos. Evidentemente sólo pasan los mejores, en este caso, "las mejores" porque casi el 70% de la promoción son mujeres, chicas de 30 años que deben estar ya al frente de algún juzgado español.

En este momento, casi el 40% de los jueces de España son mujeres, cosa muy meritoria si recordamos que la carrera judicial les fue vetada hasta hace 25 años. Una cosa está clara: cuando es el esfuerzo, el estudio y la capacidad los que se miden -en una oposición, por ejemplo- las mujeres arrasan en todas partes. En el ámbito de la Justicia, en la medicina... Ahora bien, cuando se trata de designación a dedo, perdemos por goleada. En el Tribunal Supremo hay sólo una mujer y 94 hombres, ninguna juez ocupa todavía la presidencia de ningún tribunal superior de justicia de ninguna autonomía... Puede que les falte la antigüedad de los hombres, pero en otros ámbitos en los que hace más de 25 años que las mujeres están incorporadas, pasa lo mismo.

En Francia, donde de cada 10 nuevos jueces, 8 son mujeres, es frecuente que en un juicio, todos los acusados sean hombres y todo el tribunal sea femenino. ¿Saben qué hacen a menudo en estos casos los abogados defensores? Recurren la sentencia, alegando que no es justa porque está dictada sólo por mujeres... Como dice aquel refrán castellano "cree el ladrón que todos son de su condición"...

Que muchos hombres hayan dictado sentencias machistas hasta la indecencia no presupone que las mujeres tengan el mismo comportamiento.

Bona tarda. Comença La Columna.


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