Editorial del miércoles 10 de Abril de 2002

Ayer explicamos que Ray Charles, el mítico músico invidente, rey del soul y el blues, había dado su nombre para bautizar las primeras máquinas tragaperras diseñadas para ciegos. Máquinas hechas con el sistema braille para que los invidentes también se puedan jugar el dinero. Dijimos también que no estábamos seguros de que fuera una manera estética y ética de utilizar un nombre como el de Ray Charles para objetivos tan dudosos.

Hoy hemos sabido que Bulgaria ha propuesto al Santo Padre que ponga su nombre a una central eléctrica nuclear. La región donde está instalada tiene fuertes raíces católicas y por eso, según el embajador búlgaro en el Vaticano, sería un golpe de efecto audaz pero lleno de sentido.

Deberíamos explicar que países como Alemania, gobernado por la socialdemocracia, se han comprometido a desmantelar en el término de 20 años todas las centrales nucleares.

También es cierto que Loyola de Palacio, comisaria de energía, y los gobiernos conservadores en general, son grandes defensores de la energía nuclear. Tienen una ventaja claro, estas centrales: que no emiten el temido CO2 de las centrales térmicas, pero tienen, también, un grandísimo inconveniente: producen residuos radioactivos que son eternos, es decir, residuos que encontrarán los hijos de los nietos de nuestros hijos...

“Central Nuclear Wojtila” quizá les suene bien a los católicos búlgaros. Es cierto que el Papa polaco ha sido, metafóricamente y, en sentido de actividad constante, un Papa atómico. Pero dar nombre a una central nuclear, quizás no haga falta.

Bona tarda. Comença La Columna.


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