Editorial del jueves 4 de Abril de 2002

Las imágenes que nos llegan cada día del Próximo Oriente son insoportables; no es posible verlas y no sentirse avergonzado de la condición humana, y de la indolencia de todos.

Los fanático-asesinos que hundieron las Torres Gemelas de Nueva York han conseguido que otro fanático presuntamente tan asesino como ellos, llamado Ariel Sharon, pudiera hacer realidad unos sueños personales que comenzaron hace 30 años.

Entonces quería matar a Yasser Arafat, pero no obtuvo el permiso de quien le mandaba. Hoy manda él y nadie puede o quiere parar su locura exterminadora. Esta mañana, el ejército del señor Sharon se ha atrevido a hacer saltar la puerta de la iglesia de la Natividad de Belén, el lugar donde según la tradición cristiana nació Jesucristo. Dentro, 200 refugiados palestinos, civiles y religiosos, resisten una vez más la humillación, esta vez, incluso, en un edificio sagrado.

El Santo Padre, esta mañana ha decidido que este domingo, los católicos de todo el mundo hagan plegarias para la paz en Oriente...

Este es el problema: que los gobernantes del mundo occidental sólo rezan, y no hacen nada más. Y Dios no se puede hacer cargo de toda la locura humana.

Bona tarda. Comença La Columna.


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