Editorial del miércoles 3 de Abril de 2002

¿Se imaginan que por adelgazar el Estado nos diera pelas? ¿O lo que es lo mismo... que nos hiciera una reducción de impuestos? Pues, en los Estados Unidos lo harán.

Casi el 40% de la población americana está gorda -ya lo dicen las abuelas que eso del “fast-food” son porquerías- y, claro, detrás de la obesidad hay muchas enfermedades que provocan un gran gasto sanitario.

Si un gordito de Oklahoma, pongamos por caso, o una obesa de Oregón, demuestran que el 7% de sus ingresos van a parar a tratamientos médicos para adelgazar, el Estado les aplicará una considerable reducción de impuestos.

No es el primer caso ni será el último, que las administraciones se meten en la vida privada de los ciudadanos. Nos viene a la memoria aquella campaña de la Conselleria de Sanitat que decía “si no vuelves, te lo devolvemos”, con la que el gobierno catalán quería premiar a los que dejaran el vicio de fumar.

Es curioso que en una época en la que la moda ideológica es adelgazar al máximo las competencias del Estado se quieran meter en estas cosas.

¿Por qué no hacer reducciones fiscales a los delgados, como premio por el hambre que pasan, o a los guapos porque hacen bonito? ¿Y un descuento fiscal a los que se duchan poco en época de sequía?

El Estado que se ocupe de las cosas de todo el mundo, que bastante faena tiene y no la hace, y que cada uno se ocupe de sus vivios, que ya somos mayorcitos. ¿O no?

Bona tarda. Comença La Columna.


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