Pensemos qué hacemos cuando metemos la papeleta en la urna

Editorial del 21 de enero de 2013

El presidente del Gobierno ha anunciado durante el Comité Ejecutivo de su partido que se va a abrir una investigación interna y una auditoría externa.

Para la investigación interna tienen un buen punto de partida: la carta firmada, con nombre y apellidos por Jorge Trías Sagnier, diputado del PP del 96 al 2000, admitiendo la verdad de los “sobres” y dejando constancia, además, de su amistad personal con Luis Bárcenas, que seguirá dice Trías Sagnier, “pase lo que pase con el proceso”.

En cuanto a la auditoría externa, mejor que se la ahorren por inútil. Lo que tiene interés no estará en la contabilidad -hasta un corrupto amateur lo sabe- y lo que está en la contabilidad no tiene interés para deshacer la madeja de porquería.

Una última consideración: mientras haya un español contento por la situación que atraviesa el PP, nuestro mal endémico no tendrá solución. Si la política de partidos se mueve con los mismos hilos emocionales que un Barça-Madrid, no tenemos remedio. Los hooligans gozan más con la derrota ajena que con el triunfo de los propios. Si roban los míos, miro para otro lado; si roban los otros, me alegra su mal. Así no vamos a ningún sitio, o mejor dicho, no salimos de dónde estamos.

Solo cuando se castigue en las urnas la corrupción, esto cambiará. Y todos tenemos recuerdos recientes de mayorías ratificadas o incluso ampliadas tras auténticos pillajes de dinero público.

O sea, vale que les demos a los políticos. Pero pensemos qué hacemos cuando metemos la papeleta en la urna.


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