Reflexiones tras la visita del Papa

Editorial del 8 de noviembre de 2010

El Papa ya no está en España, pero ha dejado para el debate un buen puñado de asuntos a los que, como corresponde a un país con tanto amor por lo maniqueo, se le está sacando punta en un sentido y en el contrario. Benedicto XVI, sin embargo, ya está en otras cosas. Esta mañana, por ejemplo, ha convocado a todos los cardenales de la Iglesia Católica para el próximo día 19 de este mes para abordar el tema de la pederastia. Según comunicado del Vaticano, se trata de una cumbre en toda regla en la que abordar la grave crisis que vive la Iglesia por los abusos sexuales cometidos por algunos de sus miembros.

Que este Papa sea el primero que se toma muy en serio ese repugnante asunto no quiere decir, sin embargo, que también se haya replanteado asuntos que la modernidad ha hecho indigeribles a la Iglesia. ¿Cómo va a apoyar el Papa el matrimonio homosexual, el aborto o la igualdad de las mujeres? Lo que no puede ser no es. Y, como muestra, por poner un ejemplo paradigmático, el papel femenino en las 4 horas de acto litúrgico en el templo de la Sagrada Familia. Intervinieron sólo 4 monjas. Limpiaron con esmero los aceites que su Santidad esparció por los cuatro ángulos del altar en el momento de consagrar el templo.


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