Antonio Gala por Julia Otero

No tiene trato frecuente con escritores, aunque "sólo hay uno con el que no me hablo", cuenta don Antonio en su último libro. Ambos coincidieron en el pasillo solitario de un teatro. "Hola", dijo el otro, y Gala, sin interrumpir el paso, respondió con una pregunta: "¿Qué?". Un carácter, el mismo que le hizo responder a la Piquer, cuando ésta le pidió que escribiera el texto de un musical sobre ella, que su vida no le parecía dramatizable, "lo único que le ha sucedido a usted es que se enamoró de un torero rubio. Y eso nos ha pasado a todos". Es indudable que el autor vivo más leído de nuestro país se divirtió escribiendo Ahora hablaré de mí.

¿Cree que la memoria es otra forma de inventar?

La memoria es también creadora, aparte de recreadora. Pero tiene también la misión de concretar, de poner en limpio el pasado.

¿Se cuela por alguna rendija de su carácter alguna reliquia de su infancia?

Del niño que fui, y que espero que no se sintiese traicionado por mí, conservo la capacidad de sorpresa, admiración y curiosidad.

Escribe que "hay un tiempo para estremecerse y otro para evocar el estremecimiento". ¿Se ha tomado la jubilación anticipada?

También la evocación del estremecimiento estremece. Nadie no susceptible ya de estremecerse se tomará el trabajo de escribir. No hay aquí jubilación posible.

¿Es un fracaso personal reconocer que todo el amor ha acabado disecado en un libro o dentro de un marco de plata?

No se trata de fracasos personales: los sentimientos tienen su auge y su ocaso. Recogerlos en un libro es siempre un homenaje, póstumo a veces; otras, no.

Sus lectores se lo perdonarán. Demuéstrenos cuán amigo es de la coprolalia.

La coprolalia sólo la ejerzo en la intimidad. Y soy peor hablado con quienes no lo son. Su pudibundez es mi mayor tentación: me gusta sobrecogerla y reírme de ella.

¿Qué ideal debiera ser llamado superstición?

Si superstición viene de superstare, sobrevivir, cualquier ideal puede ser considerado por alguien como tal. Me irrita que llamemos sólo supersticiosos a los temores o precauciones ajenos.

"Sus obras las seguiré leyendo, pero a usted no lo aguanto ni un segundo más". Se lo dijo a Borges antes de irse. ¿No hay obra, por admirable que sea, que redima a un impertinente?

Toda obra puede leerse a solas, sin tener que aguantar a su autor. La obra no lo redime de sus necedades. Hay autores que están por encima de su obra; otros, a su nivel, y unos terceros, por debajo.

Tengo la impresión de que usted es de huida fácil y rápida. ¿Cuándo fue la última vez que algo o alguien le empujó a levantarse de la silla?

No es que huya, es que detesto la pérdida de tiempo. El otro día me he levantado y he salido de una reunión en que alguien, petulante y encopetado, se empeñaba en hablar -bien- de mí.

Los colegas que hablan mal de usted, ¿lo hacen prescindiendo de lo que escribe?

Supongo que mis colegas no me leen. La mayor parte me juzga a mí más que a mi obra.

"No es frecuente encontrarse con señores en la triste profesión que cultivamos". Se lo dijo a usted Bioy Casares. ¿Da fe?

Bioy Casares tenía aún más experiencia que yo. No tengo motivos para quitarle la razón. Quizá sólo en calificar de triste nuestra profesión.

Es el escritor vivo más leído de España. ¿Una provocación para la ''jodida y repajolera" envidia, como usted la define?

Sí, y lo comprendo. Hasta hace poco, no lo creía. Ahora, apenas alargo la mano, toco la piel mucilaginosa de la envidia.

Los jóvenes manifestantes contra el FMI, ¿deben considerarse insumisos de nuevo formato?

Yo estoy con los insumisos de todos los formatos. A los herederos que no les guste la decoración de la casa que les dejamos, que empiecen ya a tirar cuadros por las ventanas.

La izquierda es hoy una ideología mutante. ¿Hacia dónde?

Hacia la izquierda. Ha de realizar un camino de vuelta. Los verdaderos ideales no se han cumplido aún. Las concreciones comunistas fueron perversas. Hay que intentar todo de nuevo. Siempre.

Formó parte del consejo fundador de la AEPI, que nació para "defender el pluralismo frente a la concentración de poder informativo". ¿Le parecerá un chiste a Villalonga?

Ignoro si Villalonga tiene sentido del humor. Del amor y del honor, lo dudo.

Ahora me toca a mí. Cuando alguien pronuncia esa frase lo hace inequívocamente en tono reivindicativo. ¿También usted?

No soy persona de usar la literatura para ajustar mis cuentas. Pocas veces insulto; generalmente ignoro a mis deudores. El "ahora" de mi libro es porque hablo, por fin, en primera persona, no por boca de ganso, a través de personajes. Les hablo a mis lectores en voz baja, sonriendo y descalzo.


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