Miguel Ángel Pérez, presidente de Médicos sin Fronteras, por Julia Otero

El presidente de Médicos sin Fronteras (MSF) en España no cobra ni un duro por dedicar todo el tiempo del que dispone a la mayor organización humanitaria independiente de ayuda sanitaria. Al doctor Miguel Ángel Pérez le brillan los ojos y le abandonan las palabras cuando recuerda el primer campo de refugiados que visitó. Como él, otras 2.000 personas en el mundo, con protocolos de actuación muy definidos, pueden responder de forma rápida y eficaz a una necesidad urgente. Todos tienen un mínimo común denominador: el dolor ajeno, aun lejano, no les deja indiferentes.

¿De qué pasta están hechos ustedes?

De carne y hueso. El aura que nos rodea tiene algo de falsedad. El secreto es, quizá, anteponer la condición de personas a la profesión que ejercemos.

¿Son ustedes el instrumento con el que nos lavamos la conciencia?

Sí, por eso nos gustaría que la base social no se conformase con dar el donativo, que tuviera una actitud comprometida.

¿Se resisten a los tentadores intentos de esponsorización?

No demonizamos las contribuciones que vienen de las empresas privadas. No somos puristas. Cualquier dinero es aceptable siempre que no se merme la independencia de la organización. Es la condición.

Se definen como organización independiente, privada, aconfesional y apolítica. No tengo claro lo último. ¿No son los apolíticos los eternos Pliatos?

Somos apartidistas. El ejercicio de la política no es patrimonio de los que se presentan a las elecciones. Si nos acusan de hacer política, la respuesta es: ¡sí, y con toda legitimidad!

Inundaciones, hambrunas, epidemias... ¿A usted le parecen naturales las catástrofes llamadas así?

Los huracanes no cambian a los países, simplemente ponen de manifiesto sus carencias.

La OTAN nos descubrió las guerras humanitarias. Expláyese.

Una guerra jamás será humanitaria, porque no cumple ninguno de los principios básicos de la acción humanitaria: ni es imparcial, ni neutral, ni independiente. Usar esa palabra crea confusión y perjudica a los que sí prestamos esa acción.

El papel de los mass media. ¿Ellos enseñan, sensibilizan y luego ustedes acuden?

La sociedad civil se mueve a golpe de telediario. Es triste, pero lo inaceptable es que ocurra lo mismo con las instituciones. En el caso de Mozambique, el llamamiento de las ONG no fue atendido hasta muchos días después.

¿No será que los Gobiernos se mueven en la medida en que hay presión popular por aquello de rentabilizar la caridad?

Exactamente. Sólo cuando la sociedad civil se sensibiliza ante la televisión y presiona, se movilizan las instituciones.

Ustedes se quedan cuando las cámaras se van. ¿La solidaridad de los países ricos se marcha con la CNN?

En general, sí, y particularmente en España. Somos viscerales; podemos ser los más solidarios del mundo mundial ante una catástrofe, pero el compromiso continuado no es tan evidente.

Le planteo, entonces, un dilema moral. ¿Hay que difundir imágenes, por terribles que sean, a la hora de la cena para agitar las conciencias?

Si atendemos al derecho a la información y tras él surge la movilización, sí. Pero si el objetivo es sólo ganar cuota de audiencia, no. ¿Dónde está el límite? Ahí hay otro dilema. En todo caso, no a la ocultación. Ya hemos tenido bastante.

A la tuberculosis se le llama "la enfermedad de los pobres". ¿Cómo es posible que sea hoy una de las mayores amenazas de la población mundial?

Los tratamientos son caros y esa población no tiene acceso a esos medicamentos. Trabajamos para que los fármacos no se consideren una mercancía más.

¿Es verdad que hay laboratorios que dejan de producir medicamentos, esenciales en países pobres, porque no son viables comercialmente en Occidente?

Desde luego, eso ocurre con los medicamentos más baratos, o sea, los menos rentables.

Mozambique, Ruanda, Etiopía, Somalia, Centroamérica, los Balcanes... De acuerdo. Pero, ¿no es irritante que tengan que intervenir, además, en los países ricos?

No sabe cuánto debate genera eso en la casa. Nosotros no podemos hacer una labor asistencial en países como España, Francia, Bélgica... que tienen los suficientes recursos. Nuestro papel es exigir a las administraciones que cumplan con su responsabilidad.

MSF fue Nobel de la Paz en el 99. ¿De qué les ha servido?

Mantenemos el mismo discurso, pero ahora nos hacen más caso. Ha sido una caja de resonancia indudable.

El colesterol occidental, ¿qué lección debe aprender?

Que la solidaridad es un acto entre iguales. No vale lo de: "Soy rico, te doy lo que me sobra y no tienes derecho a preguntar siquiera por la calidad de lo que recibes".


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