Nacha Guevara por Julia Otero

En tiempos de fuegos artificiales, Nacha Guevara se planta en el escenario con su leyenda por toda escenografía. Agradece la curiosidad de los jóvenes, la memoria de los que ya no lo son y se entrega al tango, un clásico por el que pasan las décadas de puntillas, "siempre está en su sitio", dice. Escuchándolo cantar por ella, el tango no resulta machista, al contrario, "es que a veces las mujeres no nos enteramos del padecimiento por amor de los hombres". Veinte años después -"España ha cambiado y yo también"-, Nacha sigue devorando la platea. 

Una vez más se viste de hombre. ¿Qué cambia cuando se mete en un traje masculino? 

En el teatro, el hábito hace al monje. No le tengo miedo a mi parte masculina. Hay tangos que siento masculinos y otros femeninos. El traje ayuda a conseguir la expresión: andas, te mueves, sientes distinto. La dualidad es, en la vida y en el escenario, muy interesante. 

Manda mucho en el escenario. ¿De qué órgano sale la fuerza? 

El corazón dirige y la mente atestigua. Yo antes quería gustar, que me aprobaran. Ahora he renunciado a convencer a los demás: salgo a hacer lo que sé lo mejor que puedo. 

Bailarina, cantante, actriz. Pero cuando quieren clasificarla acuden a la palabra "intelectual". ¿Se pone en guardia cuando lo oye?

Yo aprendo haciendo, no sentándome a contemplar. Observo y reflexiono, pero lo que más me interesa es la acción, la experiencia es la que ayuda a pensar. 

Una persona feliz, ¿puede cantar el tango como lo canta usted? 

Sí [risas], pero también hay que haberse dado muchos porrazos. Cuando alguien sale al escenario, sale toda su historia con él. Si se han tenido muchas experiencias, si se han tenido muchas caídas y te has levantado, todo eso que ni se dice ni se muestra está presente. 

¿Muere alguien sin haber dado la razón a algún tango? 

No, alguno te pega. En Argentina se dice que "el tango siempre te espera". 

¿Queda, pues, confirmada la sabiduría del tango? 

Una sabiduría profunda. Quienes escribían eran auténticos filósofos y, además, poetas. La consecuencia de esa mezcla es decir verdades con belleza. 

¿Por qué sólo consideramos excesivas las tragedias de amor de los demás? 

[Risas]. Una vez que a uno le pasa una de ésas ya no considera más que lo de los otros sea excesivo. 

En tiempo de megaproducciones aparece en el escenario con lo puesto, ¿la audacia es ahora la simplicidad? 

El hecho teatral se tiene que sustentar sin nada. Después podemos dejarlo despojado o hacer una producción de 10 millones de dólares. Hoy se recurre a vestir para distraer de lo que no hay. 

Cabalga entre la tragedia y el humor con desparpajo. Hábleme del verbo 'provocar'.

Me gusta como recurso expresivo. El teatro es, como la vida, imprevisible. El juego de emociones que produce pasar de un estado a otro provoca una movilización afectiva. Eso es bueno en una época en que hay miedo a sentir, en que todo es light. 

¿Cómo se llegó a esta anestesia colectiva? 

Esto se ha ido preparando mientras estábamos distraídos por ahí creyendo que ya éramos libres. Saben con qué canción nos enamoramos, con qué hamburguesa nos intoxicamos, con qué condón follamos... Lo saben todo, incluso cómo nos comportaremos en el futuro. 

Si el más genial de los tangueros, Discépolo, levantara la cabeza y viera que acertó en todo, ¿a qué dedicaría hoy un tango?

A la nueva utopía. El milenio se llevó los sueños, quedan sólo los chiquitos e individuales: la tarjeta oro, la casa, el barquito. No. Los sueños deben ser grandes y colectivos. Ojalá veamos el nacimiento de algo así. 

¿No estará usted soñando? 

Hay que empezar a soñar para que un día sea real. Así fueron todas las revoluciones. 

Escribió Discépolo: "Siglo XX cambalache, problemático y febril, el que 
no llora no mama, y el que no roba es un gil". ¿No será que no tenemos remedio? 

Parece escrito hace media hora, y tiene 60 años. Tal vez estamos siempre en el mismo lugar, sí. 

Seguimos con comentario de texto: "Aunque te quiebre la vida o te muerda un dolor, no esperes una ayuda, ni una mano, ni un favor... "

Cada vez es más difícil que te escuchen una pena, tal es la presión, el apuro, el ruido de la vida. 

"La razón la tiene el de más guita, a la honradez la venden al contado, y a la moral la dan por moneditas". 

No hay que agregarle nada, está perfecto así. 

Y por último, el Discépolo íntimo que le hace llorar mientras canta: "Increíblemente sola, despiadadamente sola, pavorosamente sola... ". ¿Tan dura es la lucidez? 

Tengo una relación muy amorosa en este momento, y además me siento acompañada por personas que se dirigen al mismo lugar.


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