Rosa Díez por Julia Otero

Hay pocos políticos que no se escondan en el lenguaje: Rosa Diez es uno de ellos. Siete meses después de conseguir acta de eurodiputada, esta mujer menuda estrena siglo con optimismo: como vasca cree que, pese a todo, ETA hace tiempo que fue derrotada; como ciudadana europea sostiene que habrá que dar respuesta o por progresismo o por egoísmo a los que llegan de la miseria a nuestro continente, y como mujer pronostica que las semillas del feminismo al fin han prendido. "No queda otro remedio que confiar en la civilización", dice.

Empieza el siglo... ¿de qué?

El de recoger los frutos de la revolución pacífica y silenciosa de las mujeres en el siglo anterior.

¿Qué otra revolución quedó pendiente para este siglo?

La que tiene que ver con una sociedad que cambia de continente, que busca la oportunidad de vivir. Este siglo debe dar respuestas a eso si queremos reconocernos como civilización.

¿Resucitarán las ideologías o veremos su muerte definitiva?

Sólo certifican su defunción los que siempre han tenido poder y no precisan presentarse a las elecciones. Asistiremos pronto al resurgimiento y reivindicación de la política.

Si su abuelo, que murió en la cárcel, y su padre, que también las recorrió todas, levantaran la cabeza y oyesen a Blair, ¿considerarían que todo su sacrificio fue inútil?

Mi padre estaría feliz viendo que la gente puede elegir libremente. Él no pudo.

Usted inventó lo de "ven y cuéntalo" del País Vasco. Cuéntenos qué está pasando.

Que hay que resistir democráticamente hasta que ETA pierda la esperanza: lo que no se consigue en las urnas no se consigue de ninguna manera.

En España se cree que al Parlamento Europeo van los castigados, los molestos o los meritorios.

¡Bonita manera de construir Europa! Somos muy jóvenes en esto de Europa los españoles. Sin embargo, algo ha cambiado en las últimas elecciones: ha habido mucha renovación en las listas de todos los países.

Póngale un titular a su experiencia como eurodiputada.

Cómprate una buena brújula y no olvides que tú eres el político y los funcionarios están para trabajar contigo, y no al revés.

Lo de Arzalluz y Mayor Oreja ¿es algo personal?, ¿testosterónico?...

Es un reparto de papeles, algo absolutamente obsceno. Puro teatro que le viene bien al PP y al PNV.

¿Sigue pensando que Arzalluz ayuda mucho a la convivencia cuando está callado?

Él siempre está mejor callado. Sus últimas declaraciones son contrarias a cualquier entendimiento.

Sin discriminación positiva, ¿qué mujeres alcanzarían la primera línea de los partidos políticos?

Muchas menos de las que por méritos deberían estar, las que son capaces de aguantar 20 años demostrando más que los tíos que las rodean, y que, además, tengan la suerte de que alguna circunstancia extraordinaria les dé un empujón.

Ha dicho que Felipe es un monstruo. ¿Provoca aún pesadillas severas al PP?

El miedo de Aznar a Felipe es un rasgo de inteligencia: le sabe un adversario imbatible.

No es el caso de Joaquín Almunia.

Almunia va a ganar las elecciones porque la gente quiere volver a votar al PSOE. La mayoría social es de centro-izquierda, así que jugamos en campo propio, y, aunque la gente a veces se enfada con los suyos -ya nos abuchearon hace cuatro años-, siempre quiere que gane su equipo.

Usted se define como una socialista clásica. ¿Nadie le ha dicho que hay que darse tortas por estar en el centro?

A los políticos nos da miedo expresar lo que sentimos porque cuando decimos lo que pensamos nos descubrimos. Pues bien, yo creo que hay que arriesgar, hay que posicionarse.

O sea, el centro es el limbo...

Eso es. Parece que sociológicamente hay cada vez más gente que se ubica en él, y como hay que ganar las elecciones, hay que dirigirse a ese presunto centro.

Y ahí es donde el político se pelea con el lenguaje para hablar mucho sin mojarse en nada.

Pero la gente no quiere eso, la gente se fía de los que dicen lo que piensan. Los ciudadanos tienen su opinión y les gusta conocer la de quienes se dirigen a ellos. Mire, el mejor piropo que me han dicho es: "¡Qué bien la entiendo!".

Dígame un efecto perverso de la neutralidad.

La neutralidad es perversa en sí misma. Yo creo que neutralidad es cobardía, es dejar el terreno libre a otro que no es neutral, sino activo y parcial. Yo defiendo la parcialidad para todo en la vida.

¿Será la próxima campaña electoral tan sucia como presumen los analistas?

Muy sucia. El PP va a incumplir una asignatura de marketing de primero que dice que lo que te ayuda a vencer no te ayuda a permanecer arriba.


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