Xavier Sardá por Julia Otero

Cuando Sardá abre los ojos cada mañana, en Tele 5 ya han comprobado que sus Crónicas marcianas resisten con salud el paso del tiempo. Y van cerca de 400 noches. La presión será mucha, pero este hombre parece más libre que nunca: goza viendo gozar, dice lo que le da la gana y planta cara a los que le aconsejan otros caminos: "Que no me digan lo que tengo que hacer, que analicen qué objetivo pretendo y si lo consigo o no". Se le pone cara de criatura en día de Reyes cuando habla de volar: "No es explicable, sentarse a los mandos de una aeronave y levantar el vuelo es sensacional". Y este último adjetivo le sale con tono de señor Casamajor.

Bueno, vale, de acuerdo, los Reyes son los padres, pero ¿era necesario contarnos quién es el señor Casamajor?

Hace dos años y tres meses empecé un programa de televisión que continúa diariamente; por tanto, todo el mundo tiene que acabar haciendo todo lo que sepa hacer.

Por cierto, aquello ¿qué fue? ¿Un suicidio, un homicidio en grado tentativa o un ajuste de cuentas?

Nada de ajuste de cuentas. Es como si le preguntaran a un futbolista si tiene envidia de su pie izquierdo. Forma parte de mí.

A los niños precoces en el lenguaje les dicen: "Habla como un viejo". ¿Usted fue así?

No, a mí me ponían encima de la mesa e imitaba a Dalí y a Rodríguez de la Fuente.

¿En qué nota que está mayor?

En que estoy mejor. Ahora consigo doblegar mi parte temperamental y sufro menos.

Su capacidad de seducción, ¿tiene algo que envidiarle a la del conde Lequio?

Nada (risas). Le estoy dando clases particulares.

¿Es un hombre fácil? ¿Qué posibilidad de fracaso tiene una mujer que se proponga llevarlo al huerto?

Soy muy fácil de pensamiento y estoy aprendiendo a serlo menos de acción. Me gustaría vacunarme o contra la necesidad de afecto o contra la capacidad de que me guste otra mujer que no sea la que está conmigo.

Cuando se prueba la pasión, ¿se condena uno de por vida a seguir buscándola?

La pasión es estupenda, pero peligrosa.

¿Trabaja por necesidad o por gusto?

Trabajo por dinero. Es saludable que la gente trabaje para ganarse la vida y no para realizarse. Me encanta ganar dinero porque es la forma de comprar tiempo en el futuro.

¿No me diga que amenaza ya con retirarse?

Tengo ganas de renacer al mundo de la gente normal, dejar de examinarme y dar la cara a diario. Quiero que los domingos sean sólo depresivos, no depresivos y terroríficos como los míos. El ritmo de un programa diario es devastador.

¿Cuántas Crónicas le quedarían si Telefónica comprase su tele?

Poquitas, aunque creo que el señor Villalonga tiene en este momento otras prioridades que comprar más medios.

¿En qué palacio hay más sentido del humor?

Creo que en La Zarzuela, y puede que en La Moncloa, aunque no por parte del presidente.

La tele que hace, ¿es la que le gustaría hacer?

Esto me lo preguntó el príncipe Felipe el otro día... (risas).

Bien, me lo tomaré como un cumplido, ¿qué nos contesta?

(Risas). Hago la televisión que quiere la gente, pero como quiero yo. En el cómo está la madre del cordero, el elixir, la tendencia, el aroma...

Es inteligente y sensible. ¿Con semejante lastre cómo domestica al share?

Es usted muy amable. Si eso es verdad no es un lastre, sino una ventaja. La gente agradece la sensibilidad y no quiere ser tratada como gilipollas.

¿Qué pinta tiene un audímetro?

No lo he visto nunca, pero creo en ellos, en la coherencia interna de los datos que ofrecen a diario.

¿Soportarían los colegas de la prensa escrita que desde la tele se criticase su trabajo?

De la noche a la mañana no, sin duda. Saber que sus artículos serían expuestos a la critica desde todas las televisiones les quitaría el sueño.

¿En qué va a notar el efecto 2000?

En el milagro de estar vivo. Los de nuestra generación nos preguntábamos de niños cuántos años tendríamos en el 2000 y nos parecía que seríamos muy mayores. Pues ya llegó.


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