Julián Barrio Barrio por Julia Otero

El arzobispo de Santiago consiguió en su nombramiento un raro consenso entre socialistas y populares, progresistas y conservadores. Y eso que no es gallego. Trabaja en un despacho sobrio y austero, antes ocupado por Angel Suquía y Rouco Varela, hoy inmortalizados al óleo en el lugar del que partieron para presidir la Conferencia Episcopal. Influencia del apóstol, sin duda, aunque monseñor Julián Barrio casi se ruboriza cuando se le recuerda que quizá el santo le reserve a él igual suerte. Europeísta convencido, se queja de la atonía en que vive nuestro mundo. "Nos movemos en la corteza de las cosas", dice, y añade que la Iglesia es portadora de verdades que iluminan.

Enhorabuena, monseñor...

¿Por qué?

La Iglesia española va a conseguir que la religión o la alternativa de valores cívicos vuelvan a la enseñanza como materias evaluables y obligatorias en el currículo.

Efectivamente, aunque debo decir que, más que una obligación, la enseñanza de la religión es una necesidad porque ayuda a configurar actitudes éticas en edades que lo precisan.

Le recuerdo que la justicia se ha pronunciado en contra...

Si en el proceso de realización de la persona se ve la necesidad de esos contenidos de la religión o de los valores cívicos, habría que buscar el hueco en la enseñanza para que tuvieran su presencia.

O sea, monseñor, que el ministro Rajoy ha ganado claramente el jubileo...

Sí, sí, estuvo aquí. Desde la perspectiva con que está llevando los asuntos del ministerio, entendió que todo esto había que sacarlo adelante.

Me perdonará, monseñor, pero cuando supe que nació en Manganeses de la Polvorosa, no pude evitar el recuerdo de la cabra que lanzan en su pueblo desde el campanario.

[Risas]. ¡Jamás me habían preguntado por eso! Nunca lo vi, no puedo opinar.

Si no hace falta ver para creer, tampoco para opinar, ¿no?

[Risas]. Creo que no es como a veces se ha descrito, pero podría ser quizá de otra manera.

Se acaba el Xacobeo. ¿Éxito de público?

El Año Santo no ha sido una feria internacional, sino un año de una profunda dimensión eclesial, espiritual y religiosa.

¿Descarta que entre los seis millones de visitantes hubiera mucho agnóstico o ateo?

He hablado con muchos que empezaron el camino por una motivación turística, ecológica o gastronómica que han llegado a Santiago como auténticos peregrinos.

¿Daría usted la mano a Lutero?

Bueno, nosotros debemos estar siempre abiertos a todo hombre de buena voluntad.

Pero el cielo, ¿cómo se gana? ¿Por la gracia divina o por dádivas generosas a la Iglesia?

San Pablo dice que el justo vive de la fe, y Santiago, que la fe sin obras es una fe muerta.

Por cierto, ¿se ha notado en las arcas del arzobispado la fe viva de los peregrinos?

[Risas]. No lo sé, y tampoco me preocupo nada por saberlo.

¿Sabe qué significa el outing?

No.

Consiste en que los homosexuales hagan pública su condición sexual. ¿Qué le parece?

Hay que personalizar el problema y tratarlo con auténtico respeto y delicadeza, evitando todo signo de discriminación injusta, aunque los actos homosexuales son contrarios a la ley natural y no pueden recibir aprobación en ningún caso.

¿Dios viaja en las pateras?

Indudablemente. Europa nació pensando y peregrinando. No tiene que atrincherarse en sí misma levantando fronteras. Dios es el factor más humanizador que nosotros tenemos. Hay que ver al otro como alguien al que ayudar, hay que renunciar a la abundancia para compartir.

O sea, la Iglesia es progresista de cintura para arriba.

La Iglesia es la samaritana del hombre.

¿Perdón?

Ahí está toda la doctrina social de la Iglesia. Pero piense que la clave en nuestra preocupación social es la misma que cuando manifestamos nuestra preocupación por la significación del amor humano. El hombre es uno, de cintura para abajo y de cintura para arriba. Hay un legado de la fe del que somos administradores.

¿Se moja Dios en Santiago cuando llueve?

[Risas]. Al mojarse los hombres, que somos imagen de Dios, de alguna forma Él también se moja.


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