Francesc Antich por Julia Otero

Nació en Caracas, de padre albañil y madre modista, se casó con una murciana, habla mallorquín en casa y preside el Gobierno balear desde el 27 de julio con el apoyo de todas las fuerzas progresistas. Así han desalojado al PP, el partido más votado, después de 16 años y un túnel, aunque "ellos siguen teniendo detrás todos los poderes, y nosotros, sólo el del Gobierno". A Antich, más conocido en casa por Xesc, le llaman "el mago", pese a que él sólo reconoce como truco la capacidad de diálogo. Su extravagancia: ser hincha del Real Madrid. En eso se parece a todos sus predecesores, "sólo en eso", insiste.

¿Es usted la envidia de Maragall?

A pesar de que no le ayudó la aritmética, ha quedado patente que en Cataluña se ha iniciado el cambio.

El PP balear está esperando que se den la torta...

Recomiendo que lo tomen con paciencia y aprendan su nuevo trabajo, el de oposición.

¿Ha jugado a su favor ser un político poco conocido?

Aquí gobernaba el PP desde hace 16 años; de hecho, la derecha manda desde la noche de los tiempos. Se respiraba la necesidad de la alternancia y nosotros somos una auténtica alternativa, por ejemplo, en política medioambiental o de cohesión social.

Les llaman "comunistas y catalanistas". ¿Usted cree que los niños se asustan al oir tales cosas?

Es un discurso equivocado no sólo de los de aquí. Cuando Aznar ha aterrizado por esta tierra ha empleado argumentos parecidos, nos considera como una especie de cherokees. El desprecio a los otros partidos les ha perjudicado.

¿Olvida que al PP lo apoyó el 44% de los votantes?

Los procesos de cambio no se producen nunca de forma radical. En un país siempre gobernado por los mismos, haber conseguido en el Parlamento una ventaja de tres diputados es para nosotros una victoria importantísima.

La Consejería de Trabajo la capitanea un sindicalista, y la de Medio Ambiente, una ecologista. ¡Cuánto peligro para la patronal!

En la patronal hay expectación, no miedo como dice el PP. Los empresarios han acogido muy bien nuestra pretensión de incluirles en el proyecto político. Un proyecto de país se hace si las instituciones saben implicar a toda la sociedad civil.

Quiere parar el desarrollismo y corregir el modelo turístico. ¿Iluso o revolucionario?

Respondo con la historia del pastor que quería tocar la luna con una piedra. No lo consiguió, pero se convirtió en el mejor tirador del pueblo. En una legislatura será difícil cumplir todos los objetivos, pero sí enfocar otro modelo de crecimiento. Éste es un país pequeño y frágil que se juega su supervivencia.

¿No serán medidas impopulares?

Hace 10 años era cosa de cuatro barbudos ecologistas. Hoy hay un sentimiento en la población de que hay que cambiar. Incluso el PP lo está viendo.

Aquí viven 50.000 alemanes. Tienen sus periódicos, su radio, sus tiendas... ¿Cómo va a sacarles del gueto de lujo en que viven?

No queremos que los castellanoparlantes vivan en ciertas barriadas, los mallorquines en ciertos pueblos y los alemanes en ciertas urbanizaciones. Hay que darles facilidades para que se integren y crearles la necesidad de hacerlo.

Usted es hijo de las primarias que el PSOE instauró. ¿Le deprimiría que no se repitieran?

Sería un error. Cada vez menos gente va a votar. Hay que romper el hielo que existe entre ciudadanía y partidos políticos, y las primarias son un buen instrumento.

Me corroe una duda. Si juega el Madrid contra el Mallorca, ¿usted con quién va?

¡Por favor! ¡Con el Mallorca, por su puesto!


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