Jorge Valdano por Julia Otero

Del 0 al 10, su capacidad de comunicación merece sobresaliente, salvo que sea víctima de un estado de timidez transitorio. Hoy por hoy no quiere ser entrenador de fútbol y duda seriamente de querer serlo otra vez. Aunque dice "no servir para otra cosa que no sea aprender", lleva mucha vida enseñando lo que sabe. Desde hace unos meses, altos directivos de las empresas españolas más importantes aprenden de Valdano cómo crear telarañas de afecto y complicidad, esto es, cómo formar equipos. Zubizarreta, Corbalán y Estiarte están con él en Make a Team, la empresa de la que es socio fundador.

A la fuerza ahorcan: en esta página hay que hablar 'corto'. ¿Sabrá?

La entrevista me la hace a mí, no a mi guiñol.

Mi diagnóstico: está usted en tránsito. Ha salido de algún sitio, pero no ha llegado a otro...

Es verdad. Salvo cuando era futbolista, nunca más supe adónde iba. Me acostumbré a vivir así.

¿Reconoce la frase "la selva es dura, hay que seguir matando leones"?

Cada día hay que matar uno, pero no me asusta que me gane el león, porque ya me medí y sé que al día siguiente me levanto. El éxito nos hace más imbéciles, por eso tengo un cierto aprecio a eso que llaman fracaso.

Le han visto por Harvard, ¿qué le enseñaron allí?

Fui a hacer un curso sobre negociación. Aprendí que siempre hay que tener una alternativa cuando se negocia.

¿Qué hace un hombre de izquierdas aleccionando a empresarios?

Soy de izquierdas porque tengo una pasión humanística y me parece natural trasladarla a cualquier ámbito, incluso de la empresa.

¿Qué lección puede tomar prestada la empresa de lo que ocurre en el terreno de juego que usted conoce?

Infinitas. Un vestuario es, como una empresa, una humanidad en miniatura: hay asignación de roles, aplazamiento de la recompensa y la resignación de la individualidad en beneficio del equipo.

¿Y quiénes lo hacen peor, los empresarios o los entrenadores de fútbol?

Estoy asustado por el nivel de gregarismo actual. No se hacen equipos, se hacen rebaños. Da miedo el genio que se convierte dentro del equipo en un cuerpo extraño.

Esos tipos siempre dan miedo: en el fútbol, en la política, en la empresa, en la comunicación...

Pero ésos son los que alcanzan la excelencia. A veces son saboteadores de la convivencia, como Maradona o Romario, pero hay que aprender a convivir hasta con honor al lado de figuras de este tipo.

¿Usted es un desobediente crónico?

Nunca fui obediente, pero aprendí las ventajas del consenso. He mejorado.

¿Ha abandonado su capacidad para soñar?

El sueño no es el lugar que habita un iluso, sino un inconformista, aunque llamarle a alguien soñador siempre suena a acusación. Siempre es mejor soñar que recordar.

¿Cree que todos los placeres acaban en disgusto?

Tarde o temprano acaban en llanto, pero hay que creer en el camino.

¿Le ruboriza que le digan que gusta extraordinariamente a las mujeres?

Soy un tímido y ante los elogios me siento indefenso.

Sólo reconoce su pasión por el fútbol. Alguna alcoba tendrá en la memoria que lo contradiga...

Espero que sí, ¡aunque es mejor no creer todo lo que te dicen!

O sea, hay vida más allá del fútbol...

A diferencia de otros entrenadores, yo puedo perfectamente vivir sin el fútbol. Lo supe cuando descubrí que del otro lado hay muchísimas más cosas.

No perdamos la ocasión, ¿feliz por la derrota del peronismo en su país?

Un amigo mío abandonó a una novia bellísima de aquí por una argentina menos hermosa. Decía que las españolas tarde o temprano preguntan por el peronismo.

Oído, barra. ¿Feliz por la salida de Menem?

Eso sí.


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