Rosa María Sardá por Julia Otero

El sentido del humor forma parte del mobiliario de la inteligencia. Eso dice, y ella es prueba inequívoca, Rosa María Sardá, una cómica -"en casa siempre se ha hablado de cómicos"- para la que el género es lo de menos, "da lo mismo contar algo en clave de comedia o de drama, mi ilusión es que el teatro sirva para algo". Irónica, aguda, contundente pero también tierna en la distancia corta, tiene talento en cantidad suficiente hasta para derrochar. La veremos en un Estudio 1 representando a Fassbinder y de taquillera de cine en la próxima película de Ventura Pons.

El personal se pregunta qué es de su vida. ¿Por qué se deja ver tan poco?

En este país, si no sales en la tele no existes. Yo ya he existido muchísimo tiempo. Sigo siendo una actriz que trabaja habitualmente en cine y teatro.

¿Cuántas veces se ha obligado a hacer lo que no quería?

Obligado, nunca, pero a veces no había otro remedio. Una de las pocas ventajas que tiene ser mayor -que viene mal para todo- es que hago lo que quiero.

En su última experiencia teatral dijo que el teatro no es forma de vivir...

Como dijo alguien muy listo, un actor, "a mí no me gusta que me miren cuando trabajo" [risas]. No es plato de gusto, por eso en los ensayos siempre se está mejor.

Fellini decía que tenía la suerte de trabajar en algo que haría de todos modos, aunque no le pagaran. ¿Y usted?

A mí me gusta este trabajo más que otras cosas, quizá porque sé hacer muy pocas y en ésta me siento más o menos segura, pero yo puedo vivir sin trabajar tranquilamente.

Otro talento, este nacional, Fernán-Gómez, dice en sus memorias que en España ni el éxito es nunca rotundo ni el fracaso muy estentóreo...

Tiene toda la razón. Lo que sí es muy latino es subir mucho a alguien para poder dejarlo caer Por eso el éxito clamoroso es poder vivir toda una vida dignamente de este oficio.

¿Por qué no fue a Hollywood con Almodóvar a recoger el Oscar?

De no ser porque estaba trabajando hubiera ido con Pedro porque sé la ilusión extraordinaria que le hacía. Pero tampoco me habríais visto [risas] por ese don que tengo de "no dejarme ver".

Me cuesta imaginar que algún día fuese ingenua.

Soy ingenua todavía. Sigo creyendo en algunas cosas; no me he desengañado, por ejemplo, del socialismo. No he perdido ciertos principios.

Usted se ha mojado en un país en el que está tan probado el miedo a definirse como las funestas consecuencias de hacerlo...

A mí no me ha costado ni la cárcel ni el campo de concentración.

¿Están a salvo los actores de los caprichos o fobias del poder político?

Seguramente no, pero yo llevo 35 años en esto, siempre he trabajado, y mira si han pasado colores. Quizá nos consideran inofensivos porque no se dan cuenta de que, según qué teatro o cine, también crea opinión.

¿Qué le parece el humor de la derecha?

A mí no me hacen ninguna gracia.

¿Hubiera podido decir, sin humor, todo lo que ha dicho en público?

¡Y además lo he dicho yo solita, sin muñeco! [risas]. Si no me dejasen decir lo que quiero me iría a casa.

Ni se parece a nadie ni nadie ha sabido imitarla. ¿La singularidad paga peajes?

Supongo que he sido molesta, que he desentonado en muchos sitios por mi manera de trabajar o ver el oficio, pero no me lo han hecho notar demasiado. Claro que yo no noto la mitad de las cosas que pasan a mi alrededor, nunca me he entretenido, en mirar hacia los lados.

Un carácter, el suyo. ¿Lo admite?

La vida a mí no me ha mimado, nunca me han sobreprotegido, nadie me ha dicho que soy más bonita que ninguna... Sí [risas], eso debe de dar un poco de carácter.

¿No le ve la gracia a aquello que dijo Freud de que era afortunado porque la vida no le resultó nunca fácil?

A mí me hubiera gustado mucho ser mona y que me mimara todo el mundo. En todo caso, lo del carácter no me parece nada malo.

¿Le hubiera gustado ser una señora estupenda?

En lugar de la Carol Burnett española que he oído siempre [risas], hubiera preferido ser la Marilyn Monroe, que encima lo hacía bien.

El leitmotiv de su último programa de televisión era la espera, frustrada, de Vittorio Gassman. ¿Qué pasa en la vida cuando Gassman no llega?

Yo creo que sabes que no vendrá, pero hay que mantener la esperanza. Siempre llega algo que te hace pensar que sí es posible. Hay que vivir con la idea de que algo de lo bueno aún está por venir.

¿Cuando dice sexo quiere decir sexo, o como en la peli en que intervino, también lo llama amor?

Desde luego, sexo y amor existen por separado. Hay señores que son sólo para un rato. A veces has podido amar profundamente sin que se llegue al sexo, porque no ha sido posible. Amor y sexo, juntos, es lo estupendo.

¿La verdad es, a menudo, un arma de agresión?

Si no es para mejorar algo o a alguien, si no conduce a nada, es mejor no decirla. La verdad suele ser dura.


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