| - ¿Eres fetichista? - Lo soy de ciertas cosas. Por ejemplo, guardo todas las cartas de amor que me han enviado a lo largo de mi vida... - Las guardarás en un "container". - No, aunque la primera la recibí a los catorce años, pero hay que distinguir entre las cartas de los enamorados y las cartas de los admiradores, que suelen ser muy cariñosas. El otro día, por ejemplo, recibí una de un viejecito que me decía: "La vida sin ti no pasaría de cuarto menguante". - Qué bonito, ¿eh? - Precioso y enternecedor.Pero volviendo al fetichismo la verdad es que también guardo frascos de perfumes vacíos que me recuerdan cosas. - ¿Los olores son para ti tan importantes como para aquel personaje de Einrich Böll que los distinguía incluso por teléfono? - Bueno, no llego a tanto, pero sé distinguir el mismo perfume en cada piel, con todos sus matices, y las fragancias naturales de las personas. - ¿Tú utilizas mucha "química" para estar guapa? - Qué va sólo jabón. La cosmética hay que tomarla también con medida y una chica de dieciocho años no puede castigar su piel con extractos de placenta, que serán muy buenos para las mujeres maduras, pero que a su edad no necesita. - ¿Tú te atreves todavía a confesar tu edad? - ¿Por qué no? Sólo tengo veintinueve. - ¿Haces algo para mantenerte en forma? - Trabajar. Y trabajo tanto que no me queda tiempo ni para hacer deporte. Yo siempre me pregunto cómo se las arreglan los "yuppies" para pasarse tantas horas en el gimnasio, y por otro lado pienso que la "mala vida" también ayuda a "estar mejor". ¿Quién se sorprendería si dentro de unos años dijera un científico que el tabaco es bueno para la salud, o que alarga la vida? Por si acaso, yo no me privo ahora de ese vicio. Y soy una chica buena, o al menos lo parezco. - ¿Qué es mejor, Julia? ¿Ser una chica buena o estar buena? - Yo creo que es mejor que todo el mundo piense que eres una chica buena, aunque de mí, en un periódico de La Rioja, dijeron que estaba "entre lo virginal y lo perverso", y me gustó el piropo. - ¿Hasta dónde puede llegar tu virginidad y hasta dónde puede llegar tu perversión? - Hasta donde me dejen los demás. Yo soy buena gente aunque tengo malos ataques de genio y aunque lo parezca no soy persona fácil. De todas formas, con cara de buena chica se llega mucho más lejos. - ¿Puedes ser muy mala si te lo propones? - Más que mala, sorprendente. - ¿Te reconoces a ti misma en la pantalla de televisión? - Totalmente. Y creo que me ha ido bien en los medios de comunicación por mostrarme siempre como soy. - ¿Te viene el oficio de casta? - Bueno, mi padre es músico y yo llegué a Barcelona a los tres años desde mi Lugo natal para instalarme en la misma calle que vivía Serrat, en Pueblo Seco. Siempre quise ser periodista, pero estudié filología hispánica porque una profesora a la que respetaba y admiraba mucho me aseguró que estaría mejor preparada para manejar el idioma siendo Filóloga. - Siendo del mismo barrio, serás una admiradora de Serrat. - Me encanta, y creo que nadie le canta a lo cotidiano tan bien como él. Además... ¡qué preciosa letra le ha escrito a la luna para su último disco! Julia Otero se lleva a los labios un sorbito de un café que ya está frío, habla de Gonzalo de Berceo, del Arcipreste de Hita y de otros viejos conocidos de su etapa de filóloga hasta llegar a Machado, al que tararea con la música de Serrat si bien reconoce después que la canción que no se quita de los labios es el "Lía, lía" que le escribió Cano a Ana Belén para su reaparición en solitario, y que sólo un relato de Carmen Martín Gayte -"de la que soy una 'fan' enloquecida"- podría dejarle mejor sabor en el paladar que un terrón de azúcar, su droga preferida. La referencia literaria es inevitable y le pregunto: - ¿Tú te encierras en "El cuarto de atrás" "Entre Visillos" o te recluyes en "El balneario"? - Por supuesto -responde, sin dudarlo y casi complacida-: yo también tengo en mi vida ese cuarto de atrás que está entre visillos y donde no dejo entrar a nadie, porque en el balneario, al fin y al cabo, siempre puedes coincidir con cualquier conocido y tener que ajustarte la bata... - ¿Rezas alguna vez en el cuarto de atrás, Julia? - No. Yo soy creyente pero me entiendo a solas con Dios y no voy a verlo por caminos trillados ni de la mano de intermediarios. - ¿Sabrías describirlo? - Creo que es un señor muy tolerante y bondadoso que nada tiene que ver con el Dios terrible y vengativo que nos pintaron en nuestra infancia. - ¿Dónde te educaste tú? - En un colegio de monjas, como casi todas las niñas de mi generación. - ¿Te has sentido alguna vez "Doña Inés"? - Prefiero sentirme la señorita Julia. No quiero despedirme de Julia Otero sin esbozar sobre nuestro encuentro un relato de ciencia-ficción, y como el pianista ha dejado de interpretar a Aibinoni para rascar con sus dedos por "La guerra de las galaxias", le pregunto finalmente: -¿Dejarías a tu marido, al que tanto amas, por un señor de tres metros que bajase de un platillo volante? - Se libraría dentro de mí misma una guerra interior entre la aventura y la curiosidad, que tanto me tientan, y mi lado conservador, que agarra con todas sus fuerzas lo ya experimentado, lo ya conseguido. Y no sé quién ganaría esa guerra... - ¿Cuál es tu signo del Zodíaco? - Tauro. - ¿Y embistes bien? - Embisto bien, aunque a veces me corto. En general soy muy lanzada aunque llegue al estoque cojeando... Julia sale del coso del diálogo sin sangrar por el cuerpo ni por el alma y con el portafolio de cuero en la misma mano. Quizá guarda en él la última carta de amor, pero eso no lo sabremos nunca. El cielo de Madrid está despejado y arriba nos guiña la luna. Test para Julia - ¿Qué aparato conectas cuando te levantas? - La radio, para salir con ella al mundo. - ¿Por qué página comienzas a leer el periódico? - Por los titulares. Pero luego me paso a la última. - ¿Qué noticias te interesan más? - Las que me pasman, las que me dejan sin aliento. - ¿Sabes arreglar un enchufe? - Perfectamente. Y de pequeñita aprendí a cambiar los plomos. - ¿Y enchufarte? - Eso no. Y la prueba es que llegué a la tele por un "casting". - ¿Vino o cerveza? - Soy abstemia. - ¿A quién tuteas y a quién le hablas de usted? - No es una cuestión de edad, saber ni gobierno. Es una cuestión de piel. - ¿Qué flor llevarías en tu solapa? - Una rosa. - ¿Qué le regalarías al hombre amado? - Un perfume, porque, no hay nada más comprometedor. - ¿Tierra, mar o aire? - Tierra, porque aunque me haya criado junto al Mediterráneo, soy de Monforte de Lemos. - ¿Al paso, al trote o al galope? - Al galope, porque al paso salen agujetas y al trote dan calambres. - ¿Tienes miedo a volar? - No. - ¿Sabes nadar y guardar la ropa? - Nado con los encajes puestos. - ¿Qué pecados capitales te perdonas? - La gula y la lujuria. - ¿Tienes una meta? - No, es muy aburrido. - ¿Eres hincha de algún equipo? - No, de ninguno. Y me parece bastante ridículo que la gente, se apasione viendo correr a veintidós señores en calzoncillos, detrás de un balón. - ¿A dónde te suelen mirar los hombres? - A las piernas y a la boca. - ¿Te gustaría cenar en "La Bodegulila"? - Si hay buena comida y buena conversación, ¿por qué no? - ¿Tienes algún carnet que no sea obligatorio? - Sólo tengo el carnet de identidad, y creo que está caducado. |
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